Los Ejercicios Espirituales

Todo arte comporta prácticas propias: el piano, la pintura, el deporte... También se ha hablado del arte de amar y del arte de vivir que no se desarrollan sin un cierto conocimiento propio y el ejercicio de determinadas actitudes. No es, pues, extraño que también se hable de ejercicios espirituales.

Nuestro espíritu, para vivir de manera sana y plena, necesita también ejercitarse: un conocimiento preciso de uno mismo y un sentido práctico para crecer como persona y como persona solidaria. Esto vale para todos, tenga las ideas o creencias que sean, si realmente quiere crecer humanamente y con un sentido profundamente humano, es decir, solidario.

Si uno quiere desarrollar aquella manera de vivir que se inspira en Jesús de Nazaret y su evangelio es necesario también que recurra a una pedagogía que le ayude al arte de vivir cristiano. Esto quiere decir: conocer más personalmente el Evangelio y la persona de Jesús, confrontarse con él y su palabra, descubrir por dónde enfocar la propia vida en la sociedad actual con espíritu solidario, ejercitarse en la práctica de la reflexión , del conocimiento propio y del trabajo de las actitudes humanas más básicas.

Los Ejercicios Espirituales que compuso San Ignacio de Loyola son una pedagogía para realizar este aprendizaje del arte de vivir, de vivir cristianamente. No son ni cursos, ni discursos, sino una pedagogía práctica para la realización de una experiencia plenamente personal bajo la guía de una persona experta. Hay diferentes maneras de concretar esta práctica de los ejercicios (en soledad o en la vida corriente, individualmente o en grupo, durante 8 días o menos o durante todo un mes...), pero lo que importa es adaptarse a la necesidad de cada persona y al momento que está viviendo.

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