San Ignacio de Loyola

Ignacio de Loyola era el pequeño de un familia de trece hermanos. Hijo de Beltrán Ibáñez de Oñaz y Marina Sánchez de Licona y Balda, nació en el castillo de Loyola, en Azpeitia (Guipúzcoa). Llegaba al mundo casi al mismo tiempo que Colón descubría América y el papa Borja se establecía en la Sede de Pedro. Pocos años antes había nacido Martín Lutero (1483). Ignacio sería contemporáneo de Calvino, Rabelais, Erasmo, Maquiavelo, Cervantes y Tomás Moro. Todavía era pequeño cuando fue a Arévalo a servir a Juan Velázquez de Cuéllar, tesorero general de Castilla. Más tarde servirá al duque de Nájera, virrey de Navarra.

 

En el sitio de Pamplona, en mayo de 1521, un disparo de cañón le rompe la pierna derecha. Ignacio es un miembro de la nobleza y sueña con hazañas de caballeros, pero en su convalecencia lee la vida de Jesús y vidas de santos y se convierte. Peregrina a Montserrat y quiere llegar a Barcelona para embarcarse hacia Tierra Santa, pero la epidemia de peste que azota la ciudad le obliga a quedarse en Manresa donde vive una profunda experiencia espiritual. Se entrega totalmente a la oración y a la pobreza y escribe las líneas fundamentales de sus "Ejercicios Espirituales".

 

En febrero de 1523 va finalmente a Tierra Santa y desea quedarse, pero a la vuelta de Jerusalén, entiende que debe hacer algo diferente a lo que había previsto. Decide estudiar y lo hace en Barcelona, Alcalá, Salamanca y París. En esta última ciudad reúne sus primeros compañeros y el año 1540 nace la Compañía de Jesús. Con sus compañeros marcha a Roma para ponerse al servicio del Santo Padre. Algunos miembros del grupo (Laínez, Salmerón, Favre ...) tienen un papel muy importante en el Concilio de Trento. ¿Su preocupación? La extensión y defensa de la fe, su empuje misionero y la educación de la juventud.

 

La Compañía crece por todo el mundo. Surgen colegios en Roma, España, Alemania, Francia y los Países Bajos. Aparecen las primeras universidades. Después de la muerte de Ignacio, se redacta la Ratio Studiorum (1599), una guía o plan de estudios que recoge la teoría y práctica docente de los jesuitas. Con el tiempo, la actividad de la Compañía se fue diversificando hacia diferentes campos según los retos y problemas de cada generación. Ignacio de Loyola murió en Roma en julio de 1556, pero su labor perduraría. Su espíritu e ideal de acción quedaban asegurados.

 

San Ignacio en Cataluña

 

Después de la herida en Pamplona y de la recuperación en Loyola, Ignacio decide ponerse en camino y peregrina de Loyola a Manresa, recorrido que ha dado lugar al Camino Ignaciano. Llega a Montserrat el 21 de marzo de 1522, donde deja su espada a los pies de la Virgen de Montserrat y sustituye el vestido de caballero por una tela de saco, símbolo del peregrino. 

 

El 25 de marzo llega a Manresa donde tendrá que quedarse cerca de un año, ya que no puede emprender el viaje a Tierra Santa que tenía previsto. La estancia de San Ignacio en Manresa -mucho más larga de lo que estaba previsto- tiene un gran relieve en la biografía y obra del santo. En Manresa, tal y como él mismo escribe en su Autobiografía, vive una profunda experiencia espiritual que lo transforma para siempre y que sería el origen de una serie de indicaciones metodológicas para guiar experiencias similares: el Libro de los Ejercicios Espirituales, una ayuda para orientar según Dios la propia vida. Por este motivo, la ciudad de Manresa, donde hoy la Compañía de Jesús cuenta con el Centro Internacional de Espiritualidad Cueva de San Ignacio, es uno de los lugares fundantes de la espiritualidad ignaciana.

 

San Ignacio hizo varias estancias en la ciudad de Barcelona. En la Basílica de Santa María del Mar, la Capilla de San Ignacio recuerda el lugar donde Ignacio pedía limosna entre 1524 y 1526. Está representado con una escultura de bronce del artista Lau Feliu, que presenta Ignacio como un mendigo, con la mano extendida y los pies descalzos. La ruta por la Barcelona Ignaciana recorre los principales lugares de interés vinculados al paso de Ignacio por la ciudad.