El Instituto Borja de Bioética celebra 50 años

El Instituto Borja de Bioética-URL ha celebrado cincuenta años de trayectoria al servicio de una bioética abierta al diálogo interdisciplinar y atenta a la dignidad y la vulnerabilidad de las personas. El acto conmemorativo ha recordado la intuición de su fundador, el médico y jesuita Francesc Abel, y su compromiso por poner en diálogo las ciencias, las humanidades y la teología ante los nuevos retos que plantea la vida humana.

Las grandes ideas a menudo comienzan con una conversación. Así lo recordó Pau Vidal SJ, delegado de los Jesuitas en Cataluña, durante el acto central del 50º aniversario del Instituto Borja de Bioética, celebrado el 1 de octubre en el Auditorio del SJD Pediatric Cancer Center Barcelona. Un encuentro que reunió a representantes de la Universitat Ramon Llull, la Compañía de Jesús, la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y diversas instituciones sanitarias y académicas, junto con profesores, estudiantes, antiguos alumnos y familias.

En el caso del Instituto, aquella conversación nos lleva hasta los años en que Francesc Abel, médico y jesuita, se encontraba en Estados Unidos realizando su tesis doctoral. Los diálogos con su director, André Hellegers, contribuyeron a hacer emerger la necesidad de una nueva reflexión ante las transformaciones que la ciencia y la tecnología comenzaban a producir en la vida humana y en la sociedad.

De aquella intuición nació, en 1976, el Instituto Borja de Bioética, con la voluntad de promover el diálogo interdisciplinar sobre las implicaciones éticas de la medicina y las ciencias de la vida. Durante la celebración, el rector de la Universitat Ramon Llull, Carles Pérez Testor, destacó el carácter pionero del proyecto impulsado por Abel y su aportación al proyecto académico y humanista de la Universidad, a la que el Instituto se incorporó en el año 2000.

Pau Vidal recordó que, en sus inicios, la bioética tenía una mirada amplia que iba más allá de las cuestiones estrictamente clínicas o biomédicas e incorporaba también los retos demográficos y ecológicos, la disponibilidad y distribución de los recursos y las grandes cuestiones relacionadas con el futuro de la humanidad. Una perspectiva que, a su juicio, continúa siendo necesaria para iluminar los problemas de la vida y de la sociedad.

En este sentido, resulta significativa una respuesta que Francesc Abel dio en una entrevista televisiva y que sintetiza esta manera de entender la bioética. Preguntado sobre cuál era el problema bioético más importante del mundo, el jesuita respondió: «el problema bioético más importante es el hambre en el mundo». Esta afirmación, considera Pau Vidal, nos recuerda que la reflexión bioética no puede desvincularse de la justicia, las desigualdades, la distribución de los recursos y la realidad concreta de las personas más vulnerables.

Esta preocupación por una bioética vinculada a la vida real estuvo también presente en otras intervenciones de la jornada. La presidenta del Patronato del Instituto, Margarida Bofarull, reivindicó una bioética fundamentada en el diálogo, la dignidad, la vulnerabilidad, la justicia y la responsabilidad. Y Francisco José Cambra, jefe de la UCI Pediátrica del Hospital Sant Joan de Déu y colaborador de Francesc Abel durante años, repasó en su conferencia la evolución de la disciplina y algunos de los retos que afronta hoy la práctica sanitaria, desde la inteligencia artificial y la humanización de la asistencia hasta la sostenibilidad de los sistemas sanitarios o la necesidad de cuidar a los propios profesionales.

Un espacio de diálogo en las fronteras

El delegado de los Jesuitas en Cataluña destacó también el diálogo interdisciplinar como una de las características que han marcado los cincuenta años del Instituto. Desde sus inicios en el Centro Borja de Sant Cugat, explicó, fue un espacio de encuentro entre la filosofía, la ética, las ciencias, la teología y las diferentes tradiciones religiosas.

La intuición de Abel quería ofrecer un servicio a la Iglesia promoviendo el encuentro entre humanidades y ciencias y creando «un espacio abierto, libre, crítico y dialogante» ante las transformaciones científicas, tecnológicas y sociales.

También es relevante la trayectoria del Instituto en la confluencia de dos tradiciones. Por un lado, la de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, con el acento en la hospitalidad, el cuidado y la proximidad al sufrimiento. Por otro, la de la Compañía de Jesús, con su tradición de investigación intelectual y teológica y una especial atención al discernimiento.

En este sentido, no se trata simplemente de conocer, analizar o aplicar principios, sino de aprender a discernir ante situaciones concretas, complejas y a menudo conflictivas e intentar encontrar la respuesta más humana posible. Es una doble sensibilidad que une la proximidad a la persona que sufre con el pensamiento, el discernimiento y la búsqueda de una respuesta responsable.

La mirada hacia el futuro estuvo presente en las palabras del director del Instituto, David Lorenzo Izquierdo, que resumió el sentido del 50º aniversario en tres conceptos: sueño, gratitud y llamada. Gratitud por el camino recorrido y por todas las personas que lo han hecho posible, pero también llamada a continuar el legado recibido y dar respuesta a los nuevos desafíos de la bioética.

Cincuenta años después, una de las aportaciones más valiosas del Instituto continúa siendo, para la Compañía de Jesús, haber sabido mantener unidas la reflexión y la práctica, la investigación y la docencia, los grandes principios y la vida concreta; la preocupación por las grandes cuestiones que afectan a la humanidad y la atención a la persona que sufre. Un legado desde el que el Instituto afronta ahora los nuevos interrogantes científicos, tecnológicos y sociales.

La celebración incluyó también el acto de graduación de las promociones del máster universitario en Bioética y de los títulos de experto universitario en Bioética Aplicada al Ámbito Clínico y Asistencial y en Bioética Aplicada a la Intervención Social y Psicoeducativa. La parte final del acto estuvo acompañada por la Coral del Colegio de Médicos de Barcelona, dirigida por Jordi Craven-Bartle Lamotte de Grignon, patrono del Instituto.

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