Un encuentro intergeneracional, con la reflexión sobre el compromiso fe y justicia en el centro

Un centenar de personas de diversas instituciones y comunidades vinculadas a la Compañía de Jesús en Cataluña se reunieron este sábado 31 de enero en el centro de espiritualidad Cova Sant Ignasi de Manresa, en la Asamblea de la Plataforma Apostólica de los Jesuitas en Cataluña. Se trata de una cita anual que, en esta ocasión, ha puesto en el centro el binomio fe-justicia, en el marco de la conmemoración de los 50 años del decreto que situó esta convicción en el corazón de la misión jesuita.

Abrió el encuentro el delegado de los Jesuitas en Cataluña, Pau Vidal, quien presentó la Asamblea como un espacio de construcción conjunta y un momento para reconocernos como comunidad de comunidades. El ambiente reflejó esa voluntad: un grupo plural e intergeneracional, con participación de representantes de escuelas, centros universitarios, organizaciones sociales, comunidades cristianas, centros de estudios y de espiritualidad, u otras presencias vinculadas a la Compañía de Jesús en Cataluña. En esta edición, además, se contó con una amplia representación de jóvenes —miembros de grupos Magis o centros de esplai, entre otros—, que la tarde anterior ya habían compartido un encuentro de jóvenes ignacianos de Cataluña.

Fe y justicia, hoy: una experiencia que configura la vida

La propuesta de fondo era profundizar en qué significa vivir la fe y la justicia hoy, tanto en lo personal como en la vida de las instituciones, y cinco testimonios de trayectorias y edades diversas pusieron de manifiesto cómo este compromiso configura su día a día: Anna Barba, M. Carmen de la Fuente, Josep Rambla, Ares Mateus y David del Blanco. Sus intervenciones tuvieron en común que el binomio fe-justicia no es un añadido, sino una manera de habitar la realidad que configura decisiones, miradas y formas de relacionarse, también reconociendo las dificultades que ello conlleva.

Anna Barba, miembro de Cristianisme i Justícia, subrayó la necesidad de encontrar espacios donde poner en diálogo fe y justicia, y remarcó cómo este binomio se encarna especialmente en las experiencias de acompañamiento a las personas vulneradas.

Desde la memoria y la experiencia, Josep Rambla, jesuita, puso el acento en el núcleo del decreto aprobado por la Compañía de Jesús hace 50 años: en el corazón de la fe cristiana está la lucha por la justicia; no son dimensiones separadas. Esto, insistió, interpela a todo el mundo y en todos los ámbitos. Él lo ha concretado en una opción vital —vivir en un barrio popular—, asumiendo que a menudo implica dejar atrás comodidades o seguridades.

M. Carmen de la Fuente, coordinadora del sector social de los Jesuitas en Cataluña, describió la vivencia fe-justicia como una llamada que nace sobre todo de la experiencia de injusticia: sentir el sufrimiento y percibir cómo, en medio de ello, Dios se hace presente suscitando rebeldía y convirtiéndose en fuente de resistencia. Puso en valor el sentido de justicia vehiculado por personas y comunidades, y señaló como dificultad de fondo un sistema económico que invade todos los ámbitos, empuja hacia la dispersión, el ruido y la hiperactividad, y tiende a alejarnos de los márgenes hasta desvincular fe y justicia.

En el testimonio compartido como pareja, Ares Mateus y David del Blanco, vinculados a Arrels Sant Ignasi y al colegio Jesuïtes Lleida, respectivamente, explicaron cómo la parroquia de Sant Ignasi de Lleida ha acompañado momentos importantes de su vida y pusieron sobre la mesa la dificultad de mantener compromisos en etapas de crianza, señalando la importancia de contar con referentes de personas que vivan el compromiso fe-justicia desde la cotidianidad y la vida familiar.

Otra línea de fondo fue la manera como hoy se piensa la misión compartida. En lugar de quedarse en una lectura funcional —como si la colaboración fuera solo una respuesta a la disminución de jesuitas—, se apunta hacia un horizonte más exigente: una manera de caminar que requiere sinodalidad y transparencia, construir una mayor corresponsabilidad desde talentos y realidades diferentes, garantizar procesos de formación y, al mismo tiempo, cultivar el deseo de formarse.

Voz compartida y esperanza activa

Después de los testimonios hubo tiempo para la reflexión personal y en grupos, y un plenario final con mucha participación, en el que también se escuchó la voz de los jóvenes. Resonó la importancia de poder decir también aquello que no va bien y de pensar la colaboración contando realmente con todos, rompiendo barreras y dando espacio a todas las diversidades. Se valoró muy positivamente que encuentros como este permiten descubrir otras presencias, actividades y personas, y ayudan a ver más allá de la propia comunidad o institución. También se planteó la necesidad de imaginar nuevos liderazgos, más horizontales y participativos, que no reproduzcan los modelos conocidos.

Entre los matices que aparecieron, uno fue especialmente concreto: la dificultad de compaginar tareas y compromisos con etapas de crianza y con ritmos vitales exigentes. La pregunta implícita no era si hay que seguir comprometidos, sino cómo hacerlo posible de manera realista, para que la misión compartida pueda sostenerse en todas las etapas de la vida.

Agradecimiento y deseo de más

La Asamblea se cerró con la celebración de la Eucaristía, presidida por Pau Vidal, quien agradeció el trabajo realizado por el equipo organizador, formado por Jordi Gomà, Maria Labèrnia y Josep M. Ramon. El delegado de los Jesuitas en Cataluña destacó especialmente que el encuentro ayuda a reconocernos como compañeros y compañeras de camino al servicio de una misión que no es nuestra, puesto que es la misión de Cristo. Durante la celebración, Marta Romay presentó el relato gráfico de la jornada y sintetizó algunas intuiciones centrales: la invitación a que la justicia impregne toda la vida, así como la necesidad de fortalecer la comunidad y ser más sinodales y transparentes. Puso palabras a un doble sentimiento compartido: agradecimiento por ser muchos y diversos y, a la vez, un deseo de más encuentro y más espacios para compartir. También se expresó el agradecimiento a la Plataforma como espacio que acerca y hace posible que, en la diversidad de presencias y acciones, la Compañía de Jesús pueda hacerse presente en muchas realidades.