Kolvenbach, un General tranquilo para una época convulsa

Este sábado ha muerto en Beirut el P. Peter-Hans Kolvenbach, que fue durante 24 años el Superior General de la Compañía de Jesús. Nacido en 1928 en Druten, en los Países Bajos, pasó más de 20 años en el Líbano, que marcaron profundamente su formación y personalidad: una inmersión en el mundo oriental, en sus lenguas y tradiciones culturales y espirituales, que lo convierten en un defensor del ecumenismo. Vive siendo Provincial los años de la guerra civil en el Líbano. Más adelante será elegido como Superior General de los Jesuitas.
 
No es fácil suceder a un personaje carismático, querido y conocido en todo el mundo. No es fácil porque inmediatamente surgirán expectativas, comparaciones y quizás críticas por no ser tu predecesor. Ese fue el formidable reto que se encontró Peter-Hans Kolvenbach cuando fue elegido General de la Compañía de Jesús por la Congregación General 33, tras el largo y complejo generalato de Pedro Arrupe.
 
La renuncia de Arrupe, precipitada por la enfermedad, y un período de tensión con la Santa Sede que puso al frente de la Compañía de manera provisional a los padres Dezza y Pittau, terminó con el nombramiento de Kolvenbach el 13 de septiembre de 1983. Desde entonces, y durante los siguientes 24 años, llevó el timón de la Compañía de Jesús. Y consiguió lo que antes definíamos como tan difícil: suceder a Arrupe sin quedar eclipsado por su sombra.
 
Kolvenbach fue el hombre tranquilo, de perfil sereno, de ingenio sutil, de voz templada, discurso sólido y actitud paciente, que se empeñó en continuar los cambios que había emprendido la Compañía de Jesús durante las décadas anteriores. Lo que con Arrupe había sido impulso, intuición y profecía, se consolidó con Kolvenbach en forma de tendencia, solidez y sabiduría. Su liderazgo ayudó a reparar algunas relaciones heridas, llevó a institucionalizar lo que había surgido de manera genial en los años anteriores, y dejó que el tiempo ayudase a reafirmar lo que el Espíritu había suscitado en la Compañía que abrazó la fe y la justicia. 
 
Durante más de dos décadas viajó por todo el mundo para encontrar a los jesuitas de un mundo en rápida transformación. Su reflexión y su palabra vino a ser un contrapeso a ese cambio acelerado que sacudía el mundo y la Compañía, que estaba transformándose demográfica y geográficamente como nunca antes. Sus discursos y documentos sobre distintos aspectos de la vida en la SJ, sobre todas las etapas de la formación y todos los aspectos de la misión siguen siendo hoy una referencia para entender quiénes somos los jesuitas en este siglo XXI.
 
Tras su renuncia, en 2008, volvió a Líbano donde había sido provincial con anterioridad. Y allí siguió, discreto, hasta su muerte este 26 de noviembre, sabiendo retirarse del primer plano y lejos de titulares y reconocimientos. Porque así son los jefes según el evangelio. Gente que sabe cómo servir, en la vanguardia y en la retaguardia, liderando y apoyando. Por todo eso, vaya aquí nuestra gratitud.  
 
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